CATECISMO DE LA
IGLESIA CATÓLICA
Art. 922: Desde los tiempos apostólicos, vírgenes cristianas
llamadas por el Señor para consagrarse a Él enteramente con una
libertad mayor de corazón, de cuerpo y de espíritu, han tomado la
decisión, aprobada por la Iglesia, de vivir en estado de virginidad “a
causa del Reino de los Cielos” (Mt 19,12).
Art. 923: “Formulando el propósito santo de seguir más de cerca de
Cristo, [Las vírgenes]son consagradas a Dios por el Obispo diocesano
según el rito aprobado, celebran desposorios místicos con Jesucristo,
Hijo de Dios, y se entregan al servicio de la Iglesia”. Por medio de
este rito solemne (Consecratio virginum, Consagración de las
vírgenes), “la virgen es constituida en persona sagrada” como “signo
trascendente del amor de la Iglesia hacia Cristo, imagen escatológica
de la Esposa celeste y de la vida futura”.
Art. 924: “Semejante a otras formas de vida consagrada”, el Orden
de las vírgenes sitúa a la mujer que vive en el mundo (o a la monja)
en el ejercicio de la oración, de la penitencia, del servicio a los
hermanos y del trabajo apostólico, según el estado y los carismas
respectivos ofrecidos a cada una. Las vírgenes consagradas pueden
asociarse para guardar su propósito con mayor fidelidad).
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