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 HISTORIA DE LOS ALTARES DEL VIERNES DE DOLORES


“Con María, acompañamos a Cristo en su dolorosa pasión”

La tradición del “ALTAR DE DOLORES” data del siglo XVI, sin embargo, no fue sino hasta el siglo XVIII cuando aparecieron crónicas y relatos con alusiones concretas a la celebración. Es entonces cuando se sacó de la Iglesia el culto a la Dolorosa y se hizo extensivo a los hogares mexicanos. La instalación del ALTAR DE DOLORES se efectuaba ocho días antes del Viernes Santo, con la intensión de consolar a la Santísima Virgen, ya que ocho días después, ella iba a estar acongojada por la muerte de su Hijo. 

 

Todos los elementos colocados en el Altar tienen un mensaje específico:  

  • La Virgen Dolorosa se suele representar con una espada o un pequeño puñal (o siete pequeños puñales), símbolo de su aflicción, clavado en el corazón.  

  • El trigo germinado, hecho crecer con las lágrimas de sus ojos, alude a su fecundidad como Corredentora de la humanidad, al mismo tiempo sugiere la materia con que se elabora la Sagrada Eucaristía.

  • Las aguas de colores, siempre en vistosos botellones recuerdan sus lágrimas derramadas a los pies de la cruz.

  • Algunas naranjas se doraban para que sirvieran de base para encajar en ellas banderitas con papel picado de diferentes colores, otras de papel plateado o de oro volador.

 

ALGUNOS DATOS HISTÓRICOS:

a) Atisbos sobre el origen de la Veneración a la Santísima Virgen de los Dolores.

 La devoción a Nuestra Señora de los Dolores, fue preparada por la literatura ascética del siglo de la Edad Media. En Herford (Paderborn) se fundó en 1011 un oratorio dedicado a “S. Mariae ad Crucem”.  A lo largo del s. XIII se elabora la devoción a la Dolorosa, precisándose a comienzos del s. XIV como devoción a los Siete dolores. Pero el primer documento cierto sobre la aparición de la fiesta litúrgica del dolor de María proviene de una iglesia local: el 22 de abril de 1423 un decreto del concilio provincial de Colonia introducía en aquella región la fiesta de la Dolorosa en reparación por los sacrílegos ultrajes que los Husitas habían cometido contra las imágenes del crucificado y de la Virgen al pie de la cruz. La fiesta llevaba por título “Commemmoratio angustiae et doloribus Betae Mariae Virginis”, según el tenor del decreto conciliar, que decía: “...Ordenamos y establecemos que la conmemoración de la angustia y del dolor de la bienaventurada Virgen María se celebre todos los años el viernes después de la domínica Jubilate (tercer domingo después de pascua), a no ser que ese día se celebre otra fiesta, en cuyo caso se transferirá al viernes próximo siguiente”. En 1482 Sixto IV compuso e hizo insertar en el Misal romano, con el título de Nuestra Señora de la Piedad, una misa centrada en el acontecimiento salvífico de María al pie de la cruz. Posteriormente esa fiesta se difundió por occidente con diversas denominaciones y fechas distintas. El 9 de junio de 1668 se les concedían a los Siervos de María[1] la facultad de celebrar el tercer domingo de septiembre la “Missa de septem doloribus B.M.V.” con un formulario que se deduce que es muy parecido al de 1482. Esta misma es la que, con algunas ligeras modificaciones, se recoge en el Misal de Pío V el viernes de pasión. En realidad, la fiesta del viernes de pasión, concedida el 18 de agosto de 1714 a la Orden de los Siervos, se extendió, por petición de la misma orden, a toda la iglesia latina bajo el pontificado de Benedicto XIII (22 de abril de 1727). Además, Pío VII, el 18 de septiembre de 1814 extendió al tercer domingo de septiembre la fiesta de los Siete dolores con los formularios para el oficio divino y para la misa que ya estaban en uso entre los Siervos de María. Finalmente, con la reforma de Pío X, ante el deseo de realzar el valor de los domingos, esta fiesta quedó fijada el 15 de septiembre, fecha que estaba ya en uso en el rito ambrosiano, que por no tener la octava de la Natividad de la Virgen, celebró siempre ese día los dolores de María. 

La fiesta del viernes de pasión quedó reducida por la reforma de las rúbricas de 1960 a una simple conmemoración. El nuevo calendario promulgado en 1969 suprimió la conmemoración del tiempo de pasión y redujo a la categoría de “memoria” la fiesta de los siete Dolores de septiembre bajo el nuevo título de “Nuestra Señora la Virgen de los Dolores”. 

 

b) Los altares del Viernes de Dolores en la Nueva España

Ambas festividades de Nuestra Señora de Guadalupe fueron introducidas a México por los primeros evangelizadores, dándolas a conocer a los indígenas recién conversos mediante el “teatro evangelizador”, que era un medio eficaz para conquistarlos a través de las imágenes, ya que la comunicación verbal no era posible, debido a que no hablaban las lenguas de los naturales. En el siglo XVII, florecen las Cofradías. Los Siervos de María impulsan la "Cofradía del Hábito", que será luego la "Cofradía de los Siete Dolores". Ambas fechas (Viernes anterior al Domingo de Ramos y 15 de septiembre), en las cuales se celebraba a la Santísima Virgen de los Dolores tuvieron sus propias expresiones de acuerdo a los lugares y las tradiciones. 

En la capital de la Nueva España, durante los siglos XVIII y XIX, el viernes de Dolores también se realizaba un colorido paseo conocido como “Jamaica de las flores”, en el que todo el pueblo, pobres y ricos, se reunían en la Acequia de Roldán o el Canal de la Viga para comprar las flores que venían desde las chinampas de Iztacalco o Santa Anita.  

Por la noche del mismo viernes las familias capitalinas y las de la región del Bajío, acostumbraban mostrar sus “incendios”, colocados en las salas de sus casas, convidando a propios y extraños un vaso de agua fresca para aliviar los calores de la primavera y compartir de cerca los misterios de la Pasión de Jesucristo.

 

c) Los altares del Viernes de Dolores en Querétaro 

En nuestras tierras, la Santísima Virgen de los Dolores fue traída por los frailes dominicos a sus misiones de la Sierra Gorda. La Imagen de Nuestra Señora de los Dolores fue llevada a la misión de Santo Domingo de Soriano hacia 1714. Allí se celebra la llamada Fiesta Chica el 15 de Septiembre y la Fiesta Grande el viernes anterior al Domingo de Ramos. Peregrinaciones, exvotos, altares en la propia casa con dicha imagen son algunos de los testimonios de amor filial a Santa María Dolorosa. 

En cuanto a nuestra Ciudad de Querétaro, a finales del siglo XIX, Don Valentín F. Frías testifica la vivencia de la devoción de acomodar un altar a la Santísima Virgen de los Dolores. Relata que “desde el acaudalado hasta el pobre artesano” recordaban así los cruentos dolores de María Santísima. Los altares se visitaban todo el día aunque por la tarde “desde las oraciones de la noche hasta las diez y once” se veían las calles llenas de transeúntes, quienes contemplaban el desgarrador cuadro de la Santísima Virgen al pie de la Cruz. Relata también al ambiente de recogimiento que imperaba: “los Señores y Señoras que recibían las visitas, con trajes de riguroso luto; y el teclado apagado de un piano tocado tristemente con maestra mano, completaban aquel hermoso cuadro”. En los altares más humildes “había música de cuerda y se obsequiaba a los visitantes conocidos con un ligero refresco de horchatas preparadas de varios modos”. 

El adorno se hacía con macetas cubiertas de chía, linaza, lentejas y otras. Al pie del altar se elaboraba un tapete formado por pétalos de flores. Se iluminaban con ceras, las cuales se adornaba con banderitas doradas y plateadas. 

Con el paso del tiempo, ésta devoción se fue perdiendo. El propio Don Valentín F.Frías se lamentaba hacia el inicio del siglo XX de la paulatina pérdida de tal celebración y aun del riesgo de convertirse en diversión y holgura, lo cual finalmente aconteció.  

Durante la primera mitad del siglo XX, muchas familias han preservado la religiosa costumbre de dedicar en sus casas un altar a la Santísima Virgen María, aunque se fue perdiendo la costumbre de hacerlo público el Viernes de Dolores, además de rezar el Santo Rosario ese día en familia acompañado de vecinos y visitantes.  

El 31 de octubre de 1969, el Señor Obispo Alfonso Toríz  declaró a la Sma. Virgen de los Dolores de Soriano patrona de nuestra Diócesis. El amor a María Dolorosa ha ido creciendo. Recientemente, el 7 de febrero de 2009, el Santuario fue elevado a Basílica. Es el momento propicio para recuperar una devoción tan nuestra y tan propia, pues consiste en honrar a nuestra Patrona Diocesana, además de prepararnos debidamente, de la mano de María, a vivir la Semana Santa.

 

Referencias:

  • Santiago Rodríguez, Datos para una Breve Historia de la Milagrosa Imagen de Nuestra Señora de los Dolores de Soriano, Querétaro 2001.

  • Valentín F. Frías, Leyendas y Tradiciones Queretanas, Tomo I, Querétaro 19895, 151 – 152.

  • http://www.corazones.org/maria/dolorosa_virgen.htm

  • http://siervosprovmex.net/presencia/1.html 

  • http://www.virgendeguadalupe.org.mx/noticias/dolores_06.htm

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[1] En Italia, la Orden de los Siervos de María, fundados el 15 de Agosto de 1233 para dedicarse a una vida de oración y penitencia, reunidos en nombre de Dios y de la Santísima Virgen María. De la espiritualidad monástica tomaron la vida comunitaria y la regla de San Agustín; de las órdenes mendicantes el contacto con la ciudad y el apostolado. El hábito negro utilizado por esta orden recuerda las penas sufridas por la Virgen María durante la pasión de su Hijo. La Orden de los Siervos de María difundió mucho el culto de la Dolorosa.

 

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