El Plan Diocesano de Pastoral quiere ser, para nuestra Iglesia Diocesana el eco de la voz del Buen Pastor que conoce y llama a cada oveja por su nombre para que tengan vida abundante. Se impone, por parte de los fieles, una actitud de escucha atenta de la Palabra del Pastor, de la Palabra de Dios. Por eso en Puebla los obispos latinoamericanos dijeron que los proyectos y opciones pastorales
"exigen una Iglesia en proceso permanente de evangelización, una Iglesia evangelizada que testimonia, proclama y celebra esa Palabra de Dios" (DP 1305). En efecto,
"en los libros sagrados el Padre, que está en el cielo, sale amorosamente al encuentro de sus hijos para conversar con ellos. Y es tan grande el poder y la fuerza de la Palabra de Dios, que constituye sustento y vigor de la Iglesia,
firmeza de fe para sus hijos, alimento del alma, fuente límpida y
perenne de vida espiritual" (DV 21)
El amor, respeto y
veneración por la santa Palabra de Dios debe expresarse en la lectura y
meditación constante de la Escritura, tanto en privado como en reuniones
de estudio y oración. Debe sobre todo cuidarse la celebración de la
Palabra de Dios en la Misa, en los Sacramentos y en la homilía para no
volverse "predicadores vacíos de la Palabra, que no la escuchan por
dentro" (San Agustín, Serm. 179, 1). El hambre de la Palabra de Dios
que no alcanzan a saciar los católicos en la Iglesia, los obliga muchas
veces a recurrir a las sectas en detrimento de su fe y con peligro de
perderla.
De la Primera Carta
Pastoral del Sr. Obispo Don Mario de Gasperín Gasperín