MENSAJE
DEL SR. OBISPO DON MARIO DE GASPERÍN GASPERÍN,
A LOS MIEMBROS DEL
"CENTRO JURÍDICO CATÓLICO VASCO DE QUIROGA, A.C."
ASOCIACIÓN DE ABOGADOS CATÓLICOS
Me da mucho gusto participar y bendecir el nacimiento de
la Asociación de Abogados Católicos que, con el título de “Centro
Jurídico Católico Vasco de Quiroga, A.C.” inicia hoy su caminar al
servicio de la Diócesis de Querétaro y de toda la sociedad.
Sin duda, lo
que califica a esta Asociación y hasta llama quizá la atención es el
adjetivo “católico”, que, si bien no se da a la Asociación como tal, sí
lo lleva cada uno de sus integrantes y le dará, sin duda alguna, su
color particular. En efecto, cada uno de sus integrantes busca ejercer
su profesión, la del Derecho, de manera eficaz y satisfactoria conforme
a la ciencia y las normas propias de la jurisprudencia; pero ésta se
ejercitará por sujetos que profesan una fe y ésta es la católica, que
implica dos cosas: a) la aceptación y el respeto a la ley y derecho
natural, y b) la inspiración y directriz que se apoya en la revelación
de Dios, es decir, en la fe.
En
cuanto a lo primero, es decir, en cuanto al derecho natural o aceptación
de la ley natural, permítanme solamente decir que es una fuente del
derecho no escrito, no producido por la inteligencia y por la voluntad
humana, sino inmanente, intrínseco a la propia naturaleza y al alcance
de cualquier ser humano, acorde por tanto con la recta razón. Hago, por
clásica, esta breve cita de Santo Tomás de Aquino: La ley humana
tiene razón de ley sólo cuando se ajusta a la recta razón. Así
considerada, es manifiesto que procede de la ley eterna. Pero, en cuanto
se aparta de la recta razón, es una ley injusta, y así no tiene carácter
de ley, sino más bien de violencia” (Suma Teol.
I-II q. 93 a. 3 ad 2).
Por eso, dice la Pacem in
Terris, el derecho a mandar, y la consiguiente obligación de
obedecer, constituye una exigencia de orden espiritual y dimana de
Dios (No 51). La ley natural es una participación de la ley eterna.
Respecto a lo
segundo, es decir, el aporte específico de lo “católico”, el Papa
Benedicto XVI, al referirse al punto de encuentro entre la razón y la fe
en el terreno de la justicia que debe proporcionar el Estado, dice:
El orden justo de la sociedad y del Estado es
una tarea principal de la política. Un Estado que no se rigiera según la
justicia se reduciría a una gran banda de ladrones, dijo una vez San
Agustín... La justicia es el objeto y, por tanto, también la medida
intrínseca de la política. La política es más que una técnica para
determinar los ordenamientos públicos: su origen y su meta está
precisamente en la justicia, y ésta es de naturaleza ética... ¿cómo
realizar la justicia aquí y ahora?... ¿qué es la justicia? Este es un
problema que concierne a la razón práctica; pero para llevar a cabo
rectamente su función, la razón ha de purificarse constantemente, porque
su ceguera ética, que deriva de la preponderancia del interés y del
poder que la deslumbran, es un peligro que nunca se puede descartar
totalmente (Deus Caritas est, 28).
La razón
humana necesita liberarse de su ceguera ética y purificarse de
la preponderancia del interés y del poder para ser ella misma, para
poder cumplir a cabalidad su función: en una palabra, para ser
plenamente humana. Esta es la función y apoyo que le brinda la fe a la
razón; nada le quita: ni la substituye ni la minimiza, sino que la apoya
y complementa. Este es el “plus” que la fe brinda a la razón, lo que lo
“católico” da a su profesión. Con palabras del Papa lo digo:
La fe permite a la razón desempeñar mejor su cometido y
ver más claramente lo que le es propio. En este punto se sitúa la
Doctrina Social Católica... Desea simplemente contribuir a la
purificación de la razón y aportar su ayuda propia para que lo que es
justo, aquí y ahora, pueda ser reconocido y después también puesto en
práctica (No. 28 a).
Ustedes han
escogido como titular de su Asociación y fuente de inspiración a Don
Vasco de Quiroga en quien la fe y la razón, el Evangelio y el Derecho
marcharon de la mano y cuyo resultado fue una obra evangelizadora que
fue también humanizadora y civilizadora, una evangelización que fue
inculturación de la fe en los valores nobles y buenos de los
pueblos autóctonos, que fueron purificados, elevados y transformados por
la vena fecunda del Evangelio de Jesucristo y cuyos efectos benéficos
aún perduran. Que tan eximio ejemplo les sirva de guía y aliento en su
caminar. Enhorabuena a todos Ustedes.
†
Mario de Gasperín Gasperín
Obispo de Querétaro