Hermanos
peregrinos:
1. De la mano de Santa María de
Guadalupe hemos llegado a esta Basílica, casa suya y casa de todos
nosotros, al encuentro con su Hijo Jesucristo. Hemos caminado codo
con codo, sintiéndonos y mirándonos como hermanos. La gran familia
diocesana de Querétaro está aquí, una vez más, a las plantas de
María Santísima en el Tepeyac. Agradecemos a la Providencia divina
este favor de su misericordia.
2. Jesús, por su sangre derramada
en la cruz, hizo de los dos pueblos enemigos de entonces, judíos y
paganos, un solo pueblo. Destruyó en su propio cuerpo la barrera que
los separaba: el odio. Él reconcilió a los dos pueblos, haciéndolos
uno sólo, y uno con Dios, por medio de la cruz. La cruz que llevamos
marcada en la frente y pendiente del pecho es signo de perdón, de
reconciliación y de paz. Sólo la sangre de Cristo reconcilia y
pacifica.
3. Este milagro de la
reconciliación humana que Jesús hizo en la cruz con su muerte, lo
realizó también santa María de Guadalupe con su cariño maternal aquí
en el Tepeyac. Ella trajo la reconciliación y la paz a nuestra
tierra y así brotó, en sus brazos y con su amor, la nación mexicana.
Si somos hijos de María, debemos ser promotores de paz.
4. El pueblo de Israel había sido
traicionado y abandonado por sus pastores, es decir, por sus jefes y
autoridades. En lugar de reunirlo, cobijarlo y alimentarlo, lo
condujeron a la ruina. Dios les tomará cuenta todas sus malas
acciones, dice Jeremías. Pero el Señor, el auténtico Pastor de
Israel, nunca lo abandona. Le promete y envía a un Pastor verdadero,
a Jesucristo, que cuida de las multitudes, con solicitud y corazón
compasivo.
5. La situación de nuestra patria
es lamentable. Los odios entre hermanos y la creciente violencia
aumentan todos los días. Ciertamente esto no es el plan de Dios
sobre nuestra nación. El único y verdadero remedio es escuchar la
voz del Buen Pastor: su Evangelio y sus mandamientos. Sólo
Jesucristo salva; sólo él puede reconciliar; sólo él puede traernos
la paz.
6. Hermanos peregrinos: Durante
todo este largo caminar han escuchado ustedes la voz de sus
auténticos pastores, sus sacerdotes, que les han transmitido la voz
del Buen Pastor, Jesucristo. Los sacerdotes son los ecos que hacen
resonar la voz del Pastor Bueno, de Jesús. Si escuchamos su voz,
nada nos faltará. En sus parroquias, sus sacerdotes, les seguirán
anunciando todos los domingos el santo evangelio para que sean
felices. Escuchen su voz y recen por sus sacerdotes en este Año
Sacerdotal. Llévense en su corazón el amor de la Virgen Santísima y
comuníquenlo a su esposa, a sus hijos, a sus familias y a toda la
comunidad. Nuestra tarea es construir la paz y la fraternidad,
comenzando por la familia y el hogar.
† Mario De Gasperín Gasperín
VIII Obispo de
Querétaro