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HOMILÍA DEL SR. OBISPO DR. D. MARIO DE GASPERÍN GASPERÍN

EN LA MISA CELEBRADA EN LA INSIGNE BASÍLICA DE NUESTRA SEÑORA DE GUADALUPE

CON LOS PEREGRINOS DE QUERÉTARO

Ciudad de México, 19 de Julio de 2009


Hermanos peregrinos:

1. De la mano de Santa María de Guadalupe hemos llegado a esta Basílica, casa suya y casa de todos nosotros, al encuentro con su Hijo Jesucristo. Hemos caminado codo con codo, sintiéndonos y mirándonos como hermanos. La gran familia diocesana de Querétaro está aquí, una vez más, a las plantas de María Santísima en el Tepeyac. Agradecemos a la Providencia divina este favor de su misericordia.

2. Jesús, por su sangre derramada en la cruz, hizo de los dos pueblos enemigos de entonces, judíos y paganos, un solo pueblo. Destruyó en su propio cuerpo la barrera que los separaba: el odio. Él reconcilió a los dos pueblos, haciéndolos uno sólo, y uno con Dios, por medio de la cruz. La cruz que llevamos marcada en la frente y pendiente del pecho es signo de perdón, de reconciliación y de paz. Sólo la sangre de Cristo reconcilia y pacifica.

3. Este milagro de la reconciliación humana que Jesús hizo en la cruz con su muerte, lo realizó también santa María de Guadalupe con su cariño maternal aquí en el Tepeyac. Ella trajo la reconciliación y la paz a nuestra tierra y así brotó, en sus brazos y con su amor, la nación mexicana. Si somos hijos de María, debemos ser promotores de paz.

4. El pueblo de Israel había sido traicionado y abandonado por sus pastores, es decir, por sus jefes y autoridades. En lugar de reunirlo, cobijarlo y alimentarlo, lo condujeron a la ruina. Dios les tomará cuenta todas sus malas acciones, dice Jeremías. Pero el Señor, el auténtico Pastor de Israel, nunca lo abandona. Le promete y envía a un Pastor verdadero, a Jesucristo, que cuida de las multitudes, con solicitud y corazón compasivo.

5. La situación de nuestra patria es lamentable. Los odios entre hermanos y la creciente violencia aumentan todos los días. Ciertamente esto no es el plan de Dios sobre nuestra nación. El único y verdadero remedio es escuchar la voz del Buen Pastor: su Evangelio y sus mandamientos. Sólo Jesucristo salva; sólo él puede reconciliar; sólo él puede traernos la paz.

6. Hermanos peregrinos: Durante todo este largo caminar han escuchado ustedes la voz de sus auténticos pastores, sus sacerdotes, que les han transmitido la voz del Buen Pastor, Jesucristo. Los sacerdotes son los ecos que hacen resonar la voz del Pastor Bueno, de Jesús. Si escuchamos su voz, nada nos faltará. En sus parroquias, sus sacerdotes, les seguirán anunciando todos los domingos el santo evangelio para que sean felices. Escuchen su voz y recen por sus sacerdotes en este Año Sacerdotal. Llévense en su corazón el amor de la Virgen Santísima y comuníquenlo a su esposa, a sus hijos, a sus familias y a toda la comunidad. Nuestra tarea es construir la paz y la fraternidad, comenzando por la familia y el hogar.

† Mario De Gasperín Gasperín

VIII Obispo de Querétaro

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