SAGRADO CORAZÓN
DE JESÚS
—Año Sacerdotal—
Hermanas y
hermanos:
1. Hoy celebramos, con toda la Iglesia, la solemnidad
del Sagrado Corazón de Jesús, fecha escogida por el santo Padre
Benedicto XVI para inaugurar el Año Sacerdotal con el tema
“Fidelidad de Cristo, fidelidad del sacerdote”, recordando también
el 150 aniversario de la muerte del santo Párroco de Ars san Juan
María Vianney. Tres aspectos de un mismo misterio: a) El misterio
del Amor de Dios manifestado en Cristo mediante el signo de su
Corazón traspasado en el momento cumbre de su sacrificio en la Cruz;
b) su Sacerdocio comunicado a los apóstoles en la institución de la
santa Eucaristía, sacramento de su Amor; y c) la transmisión a la
Iglesia de ese sacerdocio mediante el sacramento del Orden, cuyo
modelo ejemplar de vida sacerdotal es el santo Párroco de Ars ,san
Juan María Vianney.
2. Aquí, en este templo parroquial, dedicado a honrar
al Sagrado Corazón de Jesús, se encuentra también una significativa
imagen de san Juan María Vianney, herencia de nuestros mayores; ésta
es una circunstancia preciosa para sintonizar con el deseo del santo
Padre el Papa Benedicto XVI de encomendar al Amor de Cristo a los
ministros de su amor que son los sacerdotes. Hoy, solemnidad del
Sagrado Corazón de Jesús honramos y agradecemos a ese Corazón divino
el regalo de su Amor a la Iglesia mediante su sacerdocio; y voy a
comenzar citando algunas frases del santo Párroco de Ars sobre el
Amor de Dios y el sacerdocio; decía, por ejemplo,: “El Sacerdocio:
es el Amor del Sagrado Corazón de Jesús”; y comenta el Papa
Benedicto en su Carta del 16 de junio: “Esta conmovedora expresión
nos da pie para reconocer con devoción y admiración el inmenso don
que suponen los sacerdotes, no sólo para la Iglesia, sino también
para la humanidad misma”. El sacerdocio católico es una bendición
para toda la humanidad. Otros textos del santo párroco de Ars: “Si
yo encontrara a un sacerdote y a un ángel, yo saludaría primero al
sacerdote y después al ángel. Éste es amigo de Dios, pero el
sacerdote ocupa su lugar”. “Todo nos llega por medio de un
sacerdote”. “Ustedes no podrán señalar un solo beneficio de Dios,
sin encontrar al lado de este recuerdo, la imagen de un sacerdote”.
“El sacerdote no se llega a comprender si no es en el cielo”. “El
sacerdote debe siempre permanecer sacerdote para responder a las
necesidades de las almas”. “Cuando se quiere destruir la religión,
se comienza por atacar a los sacerdotes”. Todos estos textos están
tomados de sus escritos, (Cfr. “Jean-Marie Vianney, Curé D’Ars. Sa
pensée – Son Coeur”, de Bernard Nodet, Pgs. 110 y 101) que a más de
uno ahora podrán parecer exagerados, pero que reflejan la altísima
estima que tenía el santo Párroco de Ars por el sacerdocio y por su
ministerio sacerdotal y, quizá o sin quizá, muestran nuestra
debilitada fe y decadente estima por un “Don y Misterio” tan
excelso, como llamaba el papa Juan Pablo II al sacerdocio católico.
3. El sacerdocio es la expresión clara del amor de
Jesús manifestada en su corazón abierto y también coronado de
espinas. Su corazón tuvo que ser traspasado por la lanza y coronado
de espinas para que de allí brotara el sacerdocio cristiano. Esto
quiere decir que el sacerdocio cristiano y la vida sacerdotal están
y estarán siempre marcadas por el dolor, el sufrimiento y la
incomprensión. Comenta el Papa: “¿Cómo no recordar tantos sacerdotes
ofendidos en su dignidad, obstaculizados en su misión, a veces
incluso perseguidos hasta ofrecer el supremo testimonio de su
sangre?”. Numerosos sacerdotes mexicanos sellaron su amor a Cristo y
coronaron su ministerio con el martirio. En medio de situaciones tan
difíciles, no deja también de haber, añade el Papa, “situaciones
bastante deplorables, en las que la Iglesia misma sufre por la
infidelidad de algunos de sus ministros. En estos casos es el mundo
el que sufre el escándalo y el abandono”. Estas heridas deben ser
curadas y el sacerdocio de Cristo tiene que seguir brillando
esplendoroso y alegre en un mundo opaco y en una humanidad
ensombrecida, que lo necesita no sólo para tener vida en Cristo sino
para poder sobrevivir, pues, como decía el santo Párroco de Ars:
“Dejen una parroquia sin sacerdote veinte años y adorarán a las
bestias”. La humanidad, la sociedad, sin la presencia de los
sacerdotes, se torna inhumana y vuelve a la barbarie.
4. Jesús, puesto de pie, exclamaba en los atrios del
templo de Jerusalén: “El que tenga sed, que venga a mí y beba. De
aquel que cree en mí, brotarán torrentes de agua viva”. Esto lo
decía Jesús del Espíritu Santo que habrían de recibir todos los que
creyeran en él. Esto lo dice aquí Jesús, para ustedes, hermanos
confirmandos, por medio de su Obispo. Vengo a cumplir para ustedes
esta promesa del Corazón de Jesús; vengo a darles el Don del
Espíritu Santo, que es esa Fuente de agua viva que brota y salta
hasta la vida eterna, que es capaz de elevarlos y llevarlos hasta
Dios. Voy a citarles también algunas frases del santo párroco de Ars
sobre el Espíritu Santo. Dice: “El Espíritu Santo es quien conduce
las almas; sin Él, el alma nada puede. El alma poseída por Él es
como una vid, de donde brota una vino sabroso cuando se la presiona.
Sin el Espíritu Santo, el alma es como una piedra de donde nada se
puede obtener”. “El Espíritu Santo es como el jardinero que cultiva
nuestra alma”. “El Espíritu Santo es quien nos hace distinguir la
verdad de la mentira, el bien del mal”. “Quienes se dejan conducir
por el Espíritu Santo experimentan toda clase de felicidad, más allá
de ellos mismos; en cambio, los malos cristianos se revuelcan entre
espinas y piedras”. “Los que piensan que la práctica de la religión
es aburrida, es que no tienen al Espíritu Santo”. “En el cielo, nos
alimentaremos del aliento (Espíritu) de Dios”. (Obra citada, Pgs.
54ss).
5. Termino haciendo mía la oración de San Pablo, pues
estamos a punto de concluir el año paulino. Así oraba san Pablo por
sus fieles: “Me arrodillo ante el Padre, de quien procede toda
paternidad en el cielo y en la tierra, para que, conforme a los
tesoros de su bondad, les conceda que su Espíritu los fortalezca
interiormente y Cristo habite por la fe en sus corazones. Así,
arraigados y cimentados en el Amor, podrán comprender con todo el
pueblo de Dios, la anchura y la longitud, la altura y la profundidad
del amor de Cristo, y experimentar ese Amor que sobrepasa todo
conocimiento humano, para que así queden ustedes colmados con la
plenitud misma de Dios” (Ef 3, 18s). Sólo Dios puede colmar el deseo
de felicidad del hombre. Sin Dios, jóvenes, ni ustedes ni nadie
puede ser feliz. Abran su corazón al amor del Corazón de Cristo y
déjense llenar el alma con el Espíritu Santo, que ahora les ofrece
la Iglesia y su Obispo en el sacramento de la Confirmación. Su vida
—y México—
cambiará. Es promesa de Dios.
† Mario De Gasperín Gasperín
VIII Obispo de
Querétaro