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HOMILÍA DEL SR. OBISPO

DON MARIO DE GASPERÍN GASPERÍN, OBISPO DE QUERÉTARO

EN EL 32 ANIVERSARIO DE SANTA MARÍA DEL MEXICANO

Soriano, Colón, Qro., 18 de Diciembre de 2007


Audio de esta homilía.

1. He venido con mucho gusto a acompañarlos en esta acción de gracias a Dios por los 32 años de la Obra a favor de los niños, jóvenes, ancianos y hermanos necesitados que el Padre Antonio Norman ha desarrollado aquí entre nosotros. La mano providente de Dios se ha servido del Padre Antonio, de otros hermanos sacerdotes como ahora el Padre Miguel, de las Hermanas Religiosas y de muchísimos fieles laicos de Estados Unidos y de México, para dar protección y educación humana y cristiana a multitud de niños y jóvenes, muchos de ellos ahora hombres de bien, profesionistas y algunos de ellos ordenados sacerdotes. Ha sido una obra fecunda, bendecida por Dios y por Santa María de los Dolores de soriano, nuestra Patrona diocesana. 

2. Como nos recordaba el Papa Benedicto en su encíclica “Dios es amor”, la justicia es tarea obligatoria y grave de las autoridades civiles, pero la caridad es campo donde los cristianos tenemos que manifestar la autenticidad de nuestra fe. La impartición de justicia y la equitativa distribución de los bienes nunca será perfecta, porque la limitación humana y, sobre todo, el egoísmo y las pasiones “oscurecen” la recta razón y debilitan la voluntad dificultando la equidad y la justa distribución de los bienes que Dios, en principio, ha destinado para bien de toda la humanidad, porque Dios no hace distinción de personas; las desigualdades no provienen de Dios, sino de nuestras limitaciones y pecados. Por esta razón no hay obra humana perfecta y siempre habrá un espacio enorme para la caridad, es decir, para hacer llegar el amor de Dios a los hermanos en necesidad. 

3. Cuando nos compadecemos del sufrimiento del prójimo, y hacemos algo bueno por él porque nos sentimos solidarios con alguien igual que nosotros, es lo que se llama altruismo y también filantropía. Ojalá que todos fuéramos solidarios con nuestros semejantes. Pero los católicos y todos los discípulos de Jesucristo a estos motivos humanos, añadimos un motivo divino, sobrenatural que es precisamente el misterio que nos estamos preparando a celebrar: La Navidad. La Navidad es el mensaje más maravilloso que ha escuchado la humanidad: que Dios nos ama, que no estamos solos, que el Hijo de Dios se ha hecho hermanos nuestro, que el Todopoderoso se la abajado hasta nuestra pobreza y miseria para llenarnos y colmarnos de su amor. En Cristo Jesús, hecho hombre y nacido de la Virgen María, Dios ha dado un beso de amor, de perdón y de reconciliación con todos los hijos de Adán y Eva pecadores que somos los humanos. Dios está cerca de nosotros; no sólo eso, está con notros; más aún, está a favor nuestro y se ha vuelto nuestro intercesor y defensor ante el Padre. No puede haber noticia mayor ni mejor.

 4. No hay nada que Dios haya podido hacer a favor nuestro que no lo haya hecho, pues nos dio lo más grande y querido que tenía: el Hijo de su amor, su Unigénito, Jesucristo. La única barrera para gozar de este amor es nuestro corazón. Sólo la libertad humana y nuestra ignorancia del don recibido, pueden hacernos desconocer y rechazar este amor. “Vino a los suyos y los suyos no lo recibieron”, comenta con tono dolorido el evangelista San Juan. El Hijo de Dios se hizo hombre para venir a rescatar “lo suyo”, porque todos fuimos creados y nacemos con la imagen de Dios en el alma. Todos somos imagen y semejanza de Dios. Jesús se hizo hombre para restituir al hombre la imagen dañada de Dios a causa del pecado original. Pero, como nuestra voluntad y libertad están estropeadas, tenemos, como Adán y Eva en el paraíso, “miedo a Dios” y no queremos acogerlo, porque no queremos ser sus criaturas, sus servidores y ahora, en Jesucristo, sus hijos. Tenemos miedo de servir a Dios, porque pensamos que va a disminuir nuestra libertad y nuestra felicidad, cuando es todo lo contrario. Servir a Dios es reinar. Preferimos la servidumbre de Satanás a la dignidad y libertad de ser hijos de Dios. Por eso, preferimos vivir como si Dios no existiera, antes que someternos a su voluntad que es una voluntad llena de amor y de felicidad. Sólo en el cumplimiento de los mandamientos de la ley de Dios, encontraremos la paz y la felicidad. Sólo haciendo el bien a los demás, somos realmente hombres plenamente humanos y gente feliz. Creo que la vida y la obra del Padre Antonio Norman lo demuestran con claridad. Dios lo bendiga, Padre Antonio y a todos los que colaboran con usted, y que siga siendo plenamente feliz. Feliz Navidad.

 

Mario de Gasperín Gasperín

Obispo de Querétaro

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