LA VIRGEN MARÍA JUNTO A LA CRUZ
DEL SEÑOR
Hermanas y hermanos:
1. En esta acción de gracias a
Dios por la celebración de la XX Asamblea Diocesana de Pastoral,
queremos acercarnos a la Cruz del Señor en compañía de su Madre
Santísima y Patrona nuestra, la Virgen de los Dolores, cuya piadosa
Imagen nos ha acompañado durante todo el día. Ella es testigo de
nuestros deseos, garante de nuestros propósitos y auxiliadora en
nuestras dificultades y desconsuelos. Tendremos oportunidad de
honrarla con mayor esplendor el 7 de febrero del año próximo, cuando
hagamos la “Proclamación Solemne del Decreto” mediante el cual el
Papa Benedicto XVI honra el Santuario, que el pueblo queretano con
cariño le ha levantado, con el título de Basílica Menor.
2. La oración de la misa nos habla
del papel que la Providencia divina asignó a María en la obra de la
redención humana, que no es otra que la asociación íntima de la
Madre a los dolores de su Hijo en la Cruz. Así se cumple la profecía
del anciano Simeón: el Hijo será “bandera discutida” y “causa de
caída o de resurgimiento” de muchos en Israel; por eso, a Ella, su
Madre “una espada de dolor le traspasará el alma”. Al nuevo Adán,
traspasado de pies y manos por los clavos y herido su corazón por la
lanza del soldado, se une la nueva Eva, con el alma traspasada por
la espada del dolor. Así, el género humano, caído en desgracia por
el engaño del demonio, se verá despojado de esta triste herencia de
pecado y se “revestirá de la luminosa novedad de Cristo”.
3. María Santísima es figura y
modelo de la Iglesia. Es, podemos decir, como la síntesis o
miniatura de la Iglesia. Lo que ella es, es lo que nosotros vamos a
ser; y para llegar a ser lo que Ella es, debemos hacer lo que Ella
hizo: servir, escuchar, obedecer y seguir a su Hijo Jesucristo.
Necesitamos para ello que el Espíritu Santo grabe en nuestro corazón
la Imagen de Jesús, como fecundó sus entrañas purísimas con el Verbo
de Dios. La obra de la nueva evangelización y de la conversión
pastoral será siempre “reproducir en nosotros la imagen de Cristo”
y, por tanto, “obra y gracia del Espíritu Santo”. Sin oración no hay
conversión.
4. Los desafíos que tenemos son
muy grandes y la responsabilidad nuestra no menor. Recordemos que
Aparecida nos dice que la educación en la fe y la iniciación
cristiana que hasta ahora hemos dado es pobre y fragmentaria, que la
mayoría de los bautizados no participan de la Eucaristía dominical,
ni reciben con regularidad los Sacramentos; que no se insertan
activamente en la comunidad, que no tienen conciencia de su misión y
que, por tanto, su identidad cristiana es débil y vulnerable.
“Esto constituye un gran desafío que cuestiona a fondo la manera
como estamos educando en la fe y como estamos alimentando la
vivencia cristiana; un desafío que debemos afrontar con decisión,
con valentía y creatividad… O educamos en la fe, poniendo realmente
en contacto con Jesucristo e invitando a su seguimiento, o no
cumplimos con nuestra misión evangelizadora” (A 287). Como
remedio nuestros Obispos nos proponen “la Iniciación cristiana,
que incluye el kerigma, como la manera práctica de poner en contacto
con Jesucristo e iniciar el discipulado”(A 288). Muchas cosas
aquí tendremos que ponderar y “con decisión, con valentía y con
creatividad” tendremos que cambiar. Para eso hemos
emprendido en este año la tarea de revisar y actualizar nuestro Plan
Diocesano de Pastoral.
5. Su presencia en esta Asamblea,
hermanos presbíteros, consagrados y fieles laicos, es un signo
claro que nuestra Iglesia diocesana está en marcha y quiere “dar un
paso más” hacia delante, “remar mar adentro” y, en el Nombre del
Señor, echar las redes. El Señor hará lo demás, que siempre será
“algo nuevo”; más aún, que “ya está brotando”.
†
Mario de Gasperín Gasperín
Obispo de Querétaro