"Turris fortissima nomen Domini ad ipsam cucurrit iustus, et exaltabitur"

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HOMILÍA DEL SR. OBISPO

DON MARIO DE GASPERÍN GASPERÍN, OBISPO DE QUERÉTARO

DURANTE LA MISA DE LA PEREGRINACIÓN,

EN LA BASÍLICA DE NUESTRA SEÑORA DE GUADALUPE

 

Cd. de México,

16 de Julio de 2006

 

 

Hermanas peregrinas,

Hermanas y hermanos todos en el Señor Jesús.

1. Ya a las plantas de nuestra Señora y Madre Santa María de Guadalupe, haciendo nuestros sus sentimientos de gratitud a Dios, con las palabras de su propio canto podemos exclamar: Proclama mi alma la grandeza del Señor, mi espíritu se llena de gozo en Dios mi Salvador. Esos sentimientos de María son los que embargan nuestro corazón aquí ante su Santuario. Damos gracias al Señor porque ha sido grande con nosotros y estamos alegres por haber concluido esta peregrinación.  

2.   El santo Evangelio nos dice que Jesús llamó a los Doce apóstoles: a Pedro, Santiago, Juan, Andrés, Felipe, Bartolomé, Tomás, Mateo, Santiago de Alfeo y Tadeo, a Simón el cananeo y a Judas, que fue el traidor y sustituido por Matías. Estos Doce son las columnas que sostienen la Iglesia de Jesucristo, nuestra Iglesia católica. Pedro se llama ahora Benedicto XVI, el Papa de Roma, y los Obispos somos los sucesores del los otros apóstoles. Ustedes pueden estar seguras, si escuchan las voz de sus Pastores, que pertenecen a la verdadera Iglesia de Jesucristo: la una, santa, católica y apostólica, contra la cual no podrán las puertas del infierno, es decir, ni el mismo Satanás. Demos gracias a Dios por pertenecer a esta comunidad de salvación que es la Iglesia de Jesucristo, la Católica. 

3.   A estos Doce Jesús los envía a predicar el evangelio, a anunciar el Reino de Dios, la presencia misma de Dios que viene a salvarnos en la persona de Jesús. Jesús es el Reino de Dios entre nosotros. Aquí, a México, nos lo trajo la Virgen de Guadalupe con su visita y mensaje en el Tepeyac. San Juan Diego, el tío Bernardino y el Obispo Fray Juan de Zumárraga lo recibieron en nombre de nosotros. Aquí estamos donde nació nuestra fe en Cristo gracias a la presencia de Santa María de Guadalupe y a la santa Iglesia. 

4.   Este mensaje de Salvación es el que ahora nos anuncia la Iglesia de Jesucristo: el papa, su obispo, sus sacerdotes y catequistas y que ustedes mismas, hermanas Peregrinas, deben anunciar a los demás, comenzando con su propios hijos, con su familia. Esta salvación llega hasta las casas de ustedes mediante su párroco y sus sacerdotes en su parroquia. Sientan su parroquia como su casa, el lugar donde se les ofrecen todos los medios para su salvación: la palabra de Dios, el perdón de los pecados, el pan santo de la Eucaristía, la bendición para su matrimonio, el consuelo de Dios para sus enfermos, la protección de los Santos y de la Virgen María para su hogar. Recurran siempre a su parroquia a buscar la salvación, especialmente en la misa dominical y enseñen a rezar a su hijos en su hogar. 

5.   La familia es la primera transmisora de la fe. La Iglesia se compone de muchas familias creyentes; por eso la Iglesia llama a la familia iglesia doméstica, es decir, iglesia casera, iglesia hogareña, porque la fe, antes que en la parroquia, la reciben los hijos en el hogar. Antes de nacer un niño, ustedes, madres cristianas, ya lo encomendaron a Dios y, cuando lo estrecharon contra su pecho, marcaron su frente con la señal de la cruz; después vino el bautismo y todos los demás sacramentos. Les pido que no olviden de tener en casa el altar familiar; en toda familia católica debe estar, en un lugar de honor, su altar familiar: El crucifijo en el centro y a su lado la Virgen de Guadalupe y el santo Patrono de su parroquia y los santos de su devoción. Pidan a su sacerdote que les bendiga su hogar y su altar familiar. Enseñen a sus hijos a rezar el padrenuestro, el avemaría, la salve y demás oraciones cristianas y, sobre todo, recen con ellos. 

6.   Además, en todo hogar no deben faltar dos libros de los católicos: la Santa Biblia y el Catecismo de la Iglesia católica. Póngalos en un lugar visible para que todos los días lean algo, un pequeño trozo de la Palabra de Dios, por ejemplo, cuando se reúne la familia antes de cenar. Si así lo hacen se instruirán en su fe, alimentarán su alma y cambiará su vida; encontrarán sin duda nuevo aliento para vivir y para educar a sus hijos.  

7.   Finalmente, el santo Rosario, porque la Virgen María será siempre su protectora, amparo y auxilio. Recitando el santo Rosario, nos decía el Papa Juan Pablo, la Virgen María nos lleva, como de la mano, al encuentro de su Hijo Jesucristo, nuestro Salvador. Es a Él a quien andamos buscando, porque Él es nuestra salvación, nuestra vida, nuestra esperanza y nuestra resurrección. A Él, a Jesucristo, que nos ama y nos redimió con su sangre, y a su Madre santísima, sea el honor, la gloria y la alabanza por siempre. Amén.

 

† Mario De Gasperín Gasperín

Obispo de Querétaro

 

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