HOMILÍA EN SAN JUAN DEL RÍO
Hermanos presbíteros
Hermanos consagrados y consagradas
Hermanos y hermanas en nuestra santa fe católica:
1. Todavía están
resonando en nuestro corazón las palabras del santo evangelio de ayer:
“Hoy ha llegado la salvación a esta casa”, que Jesús pronunció al ser
recibido por Zaqueo en su hogar. La salvación de Dios llegó, con los
santos misioneros, hace ya más de quinientos años a estas tierras. Esa
salvación que llevó Jesús a la casa de Zaqueo y que nos trajeron los
misioneros, se hace ahora aquí nuevamente presente en esta asamblea
litúrgica para nosotros que no tenemos con qué pagar al Señor tantos
beneficios. Agradezco a los hermanos sacerdotes de este Decanato el
haber organizado y a todos ustedes su participación en esta
Eucaristía, a fin de unirse a mi acción de gracias al Señor por los
veinticinco años ya próximos de mi ordenación episcopal. La
insuficiencia de mis fuerzas para dar gracias a Dios se ve fortalecida
por la oración de ustedes junto con sus pastores, lo cual agradezco de
corazón.
2. San Pablo recuerda
a los fieles de Roma, inmersos en los vicios groseros del paganismo,
que un tiempo fueron rebeldes a Dios y que ahora, por su infinita
bondad “han alcanzado misericordia”; eso mismo dice de sus paisanos
los judíos, quienes permanecen también en rebeldía contra Dios, de
modo que tanto unos como otros, judíos o no judíos, todos están
necesitados de la gracia de Dios. Pero añade san Pablo: “Dios ha
permitido que todos cayéramos en la rebeldía, para manifestarnos a
todos su misericordia”, de modo que “el que se gloría, que se gloríe
en el Señor”. Estamos aquí reunidos por la infinita misericordia de
Dios que, más allá de nuestros escasos méritos, a todos nos ha mirado
con misericordia por medio de su Hijo Jesucristo presente entre
nosotros por su santa Iglesia.
3. San Juan del Río es
una población de gran tradición católica; acogió con generosidad la
palabra de Dios, el Evangelio de Jesucristo, y lo ha conservado en su
vida y en su corazón. El santo precursor de Cristo, San Juan Bautista,
ha velado desde sus inicios la siembra, cultivo y frutos de la fe
católica en estas tierras. Su mano levantada nos está siempre
señalando al Cordero de Dios, al que quita el pecado del mundo, a
quien debemos escuchar y seguir para salvarnos. Él nos enseña que
debemos ser humildes, allanar el camino a Cristo y saber desaparecer
para que Él crezca a la vez que nosotros vamos disminuyendo. Una
grande lección: cada uno de nosotros tiene una misión que cumplir,
pero el destino y el futuro de la Iglesia están en las manos
providentes de Dios. Nosotros somos sencillamente servidores que
tenemos que cumplir con lo que se nos ha encomendado y, si lo hacemos,
esto es ya gracia de Dios. Muchos pastores sabios y celosos han
servido a Cristo en ustedes en estas tierras: ¡Que Dios sea su
herencia y su corona de gloria! De esos sacerdotes abnegados hacemos
memoria agradecida en esta Eucaristía.
4. Esta población ha
crecido vertiginosamente; tengo muy presente cuando vine con el
recordado Señor Cura Don Francisco Herrera y los padres Xaverianos, el
P. Pablo y el P. Natalio, a colocar la primera piedra de este templo;
fue entre riscos y garambullos y ahora es una floreciente comunidad
humana y cristiana, bajo el patrocinio de Señor San José, quien ha
proporcionado trabajo y vida digna a numerosas familias venidas de
diversos lugares de la república. Además de esta parroquia he erigido
la de Jesús Buen Pastor en Paso de Mata, la de San Pedro Ahuacatlán,
la de la Natividad del Señor, dos en honor de Nuestra Señora de
Guadalupe, una en La Estancia y otra en Granjas Banthi, seis en total.
He podido, con el favor de Dios, acercarles cada día más un sacerdote
a sus casas y a su corazón. Esto ha sido posible porque el Seminario
ha trabajado con ahinco para formar sacerdotes para el servicio de
ustedes y Dios ha aceptado este esfuerzo bendiciéndonos con vocaciones
sacerdotales. Aquí en su Decanato está una parte importante del
Seminario, el Curso Introductorio a los estudios sacerdotales, en la
parroquia de San José Galindo. Ustedes, hermanas y hermanos, aman y
han apoyado al Seminario, y su Obispo ha podido devolverles algo de lo
mucho que merecen y necesitan en la persona de los nuevos sacerdotes.
Que su amor al Seminario y a sus sacerdotes siga siendo un signo
distintivo de su fidelidad a Jesucristo y a su santa Iglesia para que
la salvación llegue a sus hogares.
5. Las industrias y
los numerosos hermanos venidos de otras partes de la república han
modificado el entorno geográfico y social de San Juan del Río, y con
ello el ámbito de la Iglesia, de la fe católica y de la vida
cristiana. La hospitalidad característica de estas tierras acoge a
todos con cariño y los invita a ir estrechando cada vez más los lazos
de fraternidad cristiana y solidaridad humana. La Iglesia, mediante
las parroquias, los exhorta a acrecentar el coro de los que alaban al
Señor. Se han incrementado desgraciadamente también ciertos vicios e
injusticias sociales, como son el crecido número de hijos sin padre
responsable, el resquebrajamiento de algunos hogares cristianos, el
aumento de la contaminación, violencia e inseguridad social y el
rebrote de la superstición y de prácticas seudorreligiosas degradantes
del ser humano. Yo creo que la comunidad católica de San Juan del Río
todavía es fuerte, puede y debe resistir estos embates que nos trae el
fenómeno globalizador y plural en el que necesariamente nos movemos.
La familia deber ser lo que está llamada a ser: santuario de la vida,
trasmisora de valores humanos y cristianos y escuela de amor y de
perdón. Encontrarán en la santa Biblia, especialmente en el Evangelio
de Jesucristo, y en el Catecismo de la Iglesia católica los elementos
indispensables para una sana y recia formación en su fe, conscientes
de que un católico que ignore los contenidos de su fe fácilmente la
pierde. “Si se mantienen fieles a mis palabras, dice Jesús, serán
verdaderamente discípulos míos y conocerán la verdad” y “la verdad los
hará libres” y conscientes de su dignidad. Conservando su fe católica
preservan su dignidad. Además de los centros de formación
parroquiales, existen numerosos Colegios católicos que prestan un
valioso servicio a la sociedad y a la iglesia. Deben ser firmes y
seguros en sus criterios educativos, aprovechando la rica herencia
cultural de la fe y doctrina católica, de modo que formen ciudadanos
útiles a la comunidad, honestos en sus relaciones sociales e hijos
fieles de la santa Iglesia.
6. San Juan del Río se
ha distinguido también por su amor a la Guadalupana. A petición del
señor cura, de los sacerdotes del Decanato y de numerosos fieles, he
tenido a bien nombrar el templo de Santa María de Guadalupe como
Santuario diocesano, según las normas litúrgicas y canónicas. Es un
reconocimiento a la filial devoción de ustedes a la Virgen del Tepeyac,
sabiendo que Ella nos conduce a Jesucristo y ofrece a sus devotos
cuidado y protección maternal. Todos nosotros hemos sentido en nuestra
vida la verdad de esta promesa. A nosotros corresponde “hacer lo que
Él nos diga”, como Ella indicó a los discípulos de Jesús en las Bodas
de Caná. Recientemente nos ha precisado su voluntad en la Asamblea de
los Obispos latinoamericanos en Aparecida, Brasil. Allí, por medio de
nuestros pastores encabezados por el Papa Benedicto XVI, nos pide que
seamos “discípulos y misioneros de Jesucristo” para que el mundo crea
y nuestro pueblo tenga vida de Dios y vida plenamente humana. Es una
grave tarea a la que nos compromete el amor de Dios y la fe recibida.
No podemos ser discípulos de Jesucristo sin ser también misioneros; y
todo misionero necesita ser a la par discípulo del Señor. La Iglesia,
es decir, toda la comunidad católica deber ser misionera de
Jesucristo, comenzando por la familia la parroquia y la iglesia
entera. Así de grande y de provocador es el compromiso que asumimos en
nuestro bautismo. No tengamos miedo. Rememos mar adentro, abramos las
puertas del corazón, de las familias y de la sociedad a Cristo para
que San Juan del Río siga siendo una perla de la corona gloriosa de
Cristo Rey y una cuenta preciosa del Rosario de la Virgen María.
7. Hermanas y
hermanos: Con San Pablo hagamos la siguientes confesión de fe: “¡Qué
inmensa y rica es la sabiduría de Dios! ¡Qué impenetrables son sus
designios e incomprensibles sus caminos! ¿Quién ha conocido jamás el
pensamiento del Señor o ha llegado a ser su consejero? ¿Quién ha
podido darle algo primero, para que Dios se lo tenga que pagar? En
efecto, todo proviene de Dios, todo ha sido hecho por él y todo está
orientado hacia él. A él la gloria por los siglos de los siglos.
Amén”.