LA EUCARISTÍA Y LA UNCIÓN DE LOS ENFERMOS


Pbro. Alejandro Gutiérrez Buenrostro

El enfermo, por el hecho de estar enfermo, no deja de ser un miembro de la comunidad cristiana. Por eso, llevarle la comunión no es un acto aislado, sino la ayuda que la comunidad ofrece al que sufre para vivir "en comunión" con Cristo celebrando en la fe la salud y enfermedad.

También es un reconocimiento de que el enfermo sigue realizando una labor misionera y de oración siendo valorado como miembro "activo" de la comunidad.

Si tenemos en cuenta la identidad del enfermo, la comunión se convertirá en un encuentro festivo con la comunidad a través de los agentes de la pastoral "enviados" por la comunidad parroquial a "visitarlo". Y entonces la visita no será un rito más o menos frío y rutinario, sino un encuentro fraternal, lleno del calor de una comunidad que vive de cerca la situación del enfermo.

Y a partir de aquí, todas las iniciativas pasarán de un "dar comuniones" a un "celebrar la fe" comunitaria en la pasión - muerte - resurrección de Cristo.

El Concilio Vaticano II afirma: "En la fracción del Pan Eucarístico, participando realmente del Cuerpo de Cristo, entramos en comunión con Él y con los hermanos".

El enfermo es un memorial viviente de la pascua del Señor; en su historia de sufrimiento, el espíritu se convierte en una invocación confiada al Padre para que su situación de enfermedad llegue a ser lugar de la manifestación de la Pascua del Señor.

La Eucaristía, sin ser el sacramento específico de la enfermedad, tiene estrecha relación con ella por tres cosas:

1º Porque el enfermo, ya vive en la fe la incorporación de su enfermedad a la pasión de Cristo, puede tener el deseo de celebrarla sacramentalmente.

2º Porque la Eucaristía servirá para que el enfermo, tentado de encerrarse egoístamente en sí mismo descubra el sentido de comunión total con Dios y los hombres por los que Cristo da la vida.

3º Porque el enfermo por la ruptura y la división interna y familiar que causa en él la enfermedad, tiene hambre de comunión, mientras la enfermedad tiende a encerrarlo en sí mismo, la Eucaristía lo ayuda a abrirse y ha entrar en comunión con los demás.

4º Es Pan de vida: ya que es alimento que da vida eterna, y la Eucaristía en el enfermo es una fuerte de la vida inagotable en él, como se ha visto en el acompañamiento de los enfermos en nuestra diócesis.

Así, la Eucaristía es la celebración del amor, entrega, donación, ofrecimiento del propio dolor por los hermanos, como nos lo dice el Papa Benedicto XVI en Sacramentum Caritatis: "La Eucaristía muestra cómo los sufrimientos y la muerte de Cristo se han transformado en amor, la Unción de los Enfermos, por parte asocia al que sufre al sufrimiento que Cristo ha hecho de sí mismo para la salvación de todos, de manera que él también pueda, en el misterio de la comunión de los santos, participar de la detención del mundo".

"El que come de este pan no conocerá la muerte" (Jn 6, 50).

El viático para los enfermos es un evidente signo de querer asumir la muerte con total dignidad y ratificación del mejor testamento: el dejar la herencia de la ejemplaridad de la fe.

Cristo resucitado visita al enfermo y le ofrece, para su tránsito y camino, la mejor garantía de vivir: la Eucaristía. Es la gran prueba de credibilidad: dar la vida por aquellos a los que se ama (Jn 6, 13).

La presencia real de Cristo crea una vida completamente nueva. Los que comieron otro pan, murieron. El que se alimenta de la Eucaristía no morirá (Jn 6, 50).

La debilidad del hombre se encuentra a lo largo de su caminar con el Pan de vida como lo expresa el prefacio de la Eucaristía I: "Su carne, inmolada por nosotros, es alimento que nos fortalece; su sangre, derramada por nosotros, es bebida que nos purifica".

"En el tránsito de esta vida, el fiel, robustecido con el viático del Cuerpo y la Sangre de Cristo, se ve protegido por la garantía de la resurrección, según las palabras del Señor: el que come mi carne y bebe mi sangre tiene vida eterna y yo lo resucitaré en el último día" (Jn 6, 56).

El Papa Benedicto nos dice en el documento ya mencionado "el santo viático abre al enfermo la plenitud del misterio pascual, es necesario asegurarle su recepción".

Termina diciendo: "La atención y el cuidado pastoral de los enfermos redunda sin duda en beneficio espiritual de toda la comunidad, sabiendo que lo que hayamos hecho al más pequeño se lo hemos hecho a Jesús mismo".

Reflexión pronunciada durante la procesión de Corpus Christi, 7 de Junio de 2007.

 

Este portal diocesano es un servicio diseñado y desarrollado por la RIIAL Querétaro                                                                                            Webmaster